Querido lector,
Que despiste, todavía no te he hablado del título de mi libro. Ya está aquí, recién sacado del horno, nuevo a estrenar:
"AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UN BANCARIO".
Buscar el nombre y apellido a mi nuevo vástago me ha costado verdaderos dolores de cabeza y algún que otro paracetamol. Pero, cuando lo encuentras... ¡Dios! Sientes un placer parecido a un orgasmo pero sin tembleque.
El título elegido lo dice todo. Contiene dos palabras opuestas que abarcan tanto la buena fortuna, como la suerte adversa que atraviesa el protagonista. Es mi carta de presentación, es original, intrigante, sutil, pegadizo, reservado, evocador y no, no tengo abuela. Podía haberlo llamado “Bancario, una especie en extinción” pero sonaba a documental de Félix Rodríguez de La Fuente. Otro título que pensé fue “El profesional del boli” pero aquello parecía un manual de escritura. Se me ocurrió también “Historias para leer en la cama” pero es que yo me duermo hasta de pie, los que me conocen pueden dar fe. Sin embargo, no llevaba dos capítulos escritos cuando me enamoré hasta las trancas de un título cuyo nombre no te voy a decir porque las comparaciones son odiosas.
Será porque soy novato, cabezón o tonto del culo pero no suelo hacer caso de los consejos que dan los que saben de esto. Para empezar, muchos de estos visionarios recomiendan que el título de tu obra sea único. ¡Zas! La primera me la llevé en toda la boca. Cuando estaba escribiendo el final de mi manuscrito, me enteré de que, el título elegido no solo servía de apostilla en muchísimas películas, además existían al menos tres libros más con el mismo nombre. Uno de ellos, hasta se ha llevado a la pantalla grande. ¡Mierda! Me sentí como cuando vas a una boda y uno de los invitados lleva el mismo traje que tú. ¿Qué hacer en esa situación si no quieres que la gente te confunda con Zipi y Zape? Pues, improvisar. No queda otra.
En un principio me resistí. No quería cambiar el nombre a mi retoño. Intenté hacerlo único añadiéndole un subtítulo para diferenciarlo del resto de novelas pero, mi Pepito Grillo particular me dijo que aquello no tenía futuro y tenía razón porque lo importante no es que el título me guste a mí, si no que te guste a ti, querido lector. En ese momento se me encendió la bombilla de pensar y comencé a realizar juegos de palabras, crucigramas y sopa de letras, hasta que en una de las múltiples combinaciones apareció el título definitivo:
"AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UN BANCARIO".
De corazón, espero que te guste.
Ahora sí que sí. Por fin, mi primogénito literario disfrutaba de nombre y apellido y yo tenía un legado que dejar a las generaciones venideras.
Hasta la próxima entrada y no te cortes en los comentarios que, yo tampoco lo hare en mis respuestas.
Bss.
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